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EL ENTRENAMIENTO.
Para ser un buen jugador de golf, hay que tener un buen programa de aprendizaje, una fuerte motivación y cumplir en tiempo y forma los planes escogidos. Debe contemplar la preparación física, técnica y mental. Tener continuidad en la preparación y dar prioridad a los aspectos deficitarios para que se pueda obtener una formación pareja en cada una de estas áreas. La maduración deportiva debe ser controlada permanentemente por el especialista, para evitar bolsones deficitarios que pueden permanecer ocultos y constituir fallas incontrolables y desconocidas por el jugador. Evitar las auto correcciones y no obstaculizar con interpretaciones caprichosas las indicaciones del experto. Es frecuente que luego de adquirido cierto nivel de eficiencia, se establezca una puja entre el jugador y el maestro, que a no dudarlo perjudicará la formación del golfista. Hay que trabajar en forma continuada, sin baches en la dedicación, con metas claras, dosificar el esfuerzo, encontrando gratificaciones al hacerlo. Si bien la meta es lo que importa, el esfuerzo brinda sus propias satisfacciones. En el transcurso pueden presentarse distintas alternativas. Las oscilaciones con tendencia al desmejoramiento o la estabilización en un nivel intermedio. Solamente se llega, cuando sé esta física y mentalmente capacitado. Cada jugador debe aprender a buscar las sensaciones, que guiarán su juego definitivo. Un swing confiable y sensaciones adecuadas, será la base de un juego consiste y regular. Cuando hacemos algo bien, podemos repetir lo realizado y en cada oportunidad resulta más fácil y efectivo. Se llama facilitación y es una de nuestras cualidades naturales. Finalmente será la consecuencia de lo que se piensa y desea. Cuando el juego posee esos todos atributos, lo vivimos como una experiencia gratificante. Un buen programa de entrenamiento se basa en la disciplina. Se debe aprender a controlar los hábitos de vida, las horas de descanso, la dieta, cumplir con las exigencias que el deporte impone. Toda formación requiere sacrificio, de otra manera no se alcanza el éxito.
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